Capítulo 15
Recuerdo
#1111
4 años antes.
***
Sergio caminaba por las calles de El Apagón. Era un día frío, nublado. Mientras recorría la acera con musgo creciente, Sergio se llevó la mano al bolsillo. Sacó piezas circulares metálicas de color dorado. Sergio contó las monedas. Ya se había acostumbrado a vivir solo, pero conseguir dinero era un verdadero reto. Con 17 años, un joven Sergio deambulaba por el mundo, buscando maneras ingeniosas de ganarse el pan. “Tienes un magt muy especial” le había dicho su madre antes de fallecer. Ella y su padre le habían dado a Sergio todo el dinero que tenían y habían fallecido de hambre para que Sergio pudiera sobrevivir. Eso ya hace 2 años atrás.
Sergio observó con fastidio las monedas que tenía en la palma de su mano. No le alcanzaban para comprar nada decente. En eso, una voz lo sacó de sus pensamientos.
-¿Siempre miras el dinero como si te hubiera insultado?
Sergio levantó la cabeza. Frente a él había una chica de cabello rubio que mascaba chicle despreocupadamente.
-¿Disculpa?
-Llevas como 5 minutos mirando esas monedas-dijo la chica-Pensé que estaban discutiendo.
Sergio hizo el intento de una sonrisa.
-No me alcanza para comer.
-¿Estás solo?-le preguntó la chica.
Sergio no respondió. La chica rebuscó en su bolsillo y sacó una pequeña caja rosada.
-Toma.
Sergio observó el objeto que tenía la chica en su mano.
-¿Chicle?
-Y es de fresa. Mi favorito. De nada.
-Esto no es comida-le recriminó Sergio.
-Bueno, es mejor que nada. Así que deja de mirar esas monedas con tristeza.
Sergio sonrió y aceptó el chicle.
-Me gusta más el de sandía-dijo.
-¡Tienes gustos horribles!-exclamó la chica.
Sergio rió.
-Si… supongo que si-Sergio se metió el chicle a la boca-Gracias. Me llamo Sergio.
-Valentina.
-Mucho gusto, Valentina.
-Igualmente, señor pobre.
◇
Sergio estaba satisfecho. Había ido bastante gente al último show, así que había podido conseguir bastantes monedas. “¡Hoy cenaré un buen banquete!” pensó Sergio mientras se relamía. La calle estaba a oscuras, y los pocos faroles que había parpadeaban. Sergio se dirigió a la zona de restaurantes de El Apagón. Al llegar, había muchas opciones para escoger. “¿Que debería cenar hoy?” pensó Sergio mientras se le hacía agua la boca. “¿Carne? ¿O pollo tal vez? ¿Quizá un buen pescado?”
Mientras Sergio tanteaba sus opciones, vio una silueta sentada en una banca, contemplando las estrellas. Hacía burbujas de chicle. “Es la chica del otro día”. Sergio se acercó a Valentina.
-Hola-la saludó-¿Me recuerdas?
Valentina le sonrió.
-Vaya, vaya, pero si es el señor pobre. ¿Qué te trae por esta parte de El Apagón? Creí que no tenías dinero.
-Hoy me fue bien en el trabajo. Vine a cenar algo rico.
-Me alegro por ti. Disfruta tu cena.
Sergio le sonrió.
-Gracias.
Sergio se dio media vuelta en dirección a los restaurantes. Había dado un par de pasos cuando un sonido de estómago hambriento lo detuvo. Sergio se volteó y observó a Valentina, quien se había puesto roja de la vergüenza.
-¿Tienes hambre?-le preguntó Sergio.
-¡No, para nada! ¡Debió ser el viento!-dijo Valentina mientras negaba con la cabeza-¡No te preocupes por mí, tengo chicle!
Sergio la observó. Miró las monedas que tenía. Observó por un momento los restaurantes que habían. Luego divisó un modesto puesto de sandwiches. Volvió a mirar hacia los restaurantes sólo por un instante, y luego se volvió hacia Valentina.
-¿Quieres comer un sandwich?-le preguntó-Yo invito.
Valentina abrió los ojos como platos mientras lo miraba con incredulidad.
-¿Qué, estás loco? No tienes que darme dinero, no te preocupes, ¡apenas nos conocemos!-le recriminó.
-Quiero hacerlo-le dijo Sergio-Además, tú me ayudaste cuando lo necesite. Permíteme devolverte el favor.
-Solo te dí un chicle…
-Ya deja de poner excusas y ven-le dijo Sergio-Los sandwiches se ven muy ricos.
-Bueno, si tu insistes-dijo Valentina, poniéndose de pie-Pero que conste que no necesitaba tu ayuda.
Mientras los dos comían su sándwich, sentados en la banca, mirando al cielo despejado, Sergio abrió la conversación.
-¿Te gusta tu sandwich?
Valentina asintió, feliz.
-Si, está muy rico.
-Dime algo Valentina-Sergio la miró-Tú también estás sola, ¿verdad?
Valentina bajó la cabeza y sonrió con timidez.
-Si…
-¿Acaso tus padres fa-?
-No, no, nada de eso…-lo interrumpió Valentina-Mis padres me abandonaron en cuánto el dinero se puso ajustado. Supongo que prefirieron sobrevivir ellos.
Sergio la miró, sin decir nada.
-Lo siento mucho, en verdad…
Valentina lo interrumpió de nuevo.
-No necesito tu lástima. Con este sandwich es más que suficiente.
Sergio siguió comiendo su sandwich.
-Oye, señor pobre…
-Deja de llamarme así-le dijo Sergio, riendo.
-Oye, Sergio…
-Dime.
-Mencionaste que tenías un trabajo. ¿Cuál es?
Sergio se encogió de hombros.
-No te lo diré.
-¿Queeee? ¿Por qué?-se indignó Valentina-No me digas que… ¿es algo ilegal?
Sergio negó con los brazos.
-¡No, para nada! Yo jamás haría trabajos ilegales. Prefiero el dinero honesto.
-¿Y por qué no me dices en qué trabajas?
-Me da vergüenza-respondió Sergio.
Valentina estalló en carcajadas.
-¡Oye, no te burles!
-¡Perdóname!-pero Valentina seguía riéndose-¡Ahora de verdad quiero saber en qué trabajas!
-¡Pues no te lo diré!-dijo Sergio, haciéndose el ofendido.
-¡Oye!-exclamó Valentina, haciendo una mueca de perrito triste-¡No se vale!
◇
Sergio se sentía extrañamente de buen humor los últimos días. Vivía en una pequeña cabaña a las afueras de El Apagón. Al cerrar la puerta, Sergio comenzó su camino hacia la ciudad para comprar comida. Pasó cerca de un lago. Era un día soleado, y había grupos de patos en el lago. “Que hermoso…” pensó Sergio “Desearía que Valentina pudiera ver esto.” En eso, Sergio se dio cuenta de lo que acababa de pensar y se ruborizó. “¡No es que me importe si es que esa loca del chicle lo ve o no!”
Al acercarse a la ciudad, Sergio se encontró con la súper odiosa y para nada linda chica una vez más. Valentina estaba sentada sobre el musgo apoyada en la pared de una panadería.
-Es mucha coincidencia que nos veamos tan seguido, ¿no lo crees?-le preguntó Valentina.
-Si… una muy odiosa coincidencia.
-¡Oye!-Valentina le dió un golpecito en el hombro.
Sergio rió.
-Ey, ¿que te trae a la ciudad hoy?-le preguntó Valentina.
-Vine a comprar un poco de comida para llevar a…-Sergio dudó un momento. Valentina lo observó, extrañada-Oye, Valentina… ¿Te gustaría venir conmigo? Hay un lago muy hermoso que está de camino a mi casa. No sé, solo si quieres…
Sergio estaba muy nervioso por alguna razón. Su corazón latía muy rápidamente. Valentina lo miró a los ojos, sorprendida. Sergio sintió que se debía estar poniendo rojo como un tomate.
-¡Si no quieres no hay problema, claro!-empezó a gritar, nervioso-Entiendo que debes tener cosas que hacer y quizá no tengas tiempo para…
-Me gustaría.
Sergio se calló.
-¿Eh?
-Me gustaría ir a ver el lago contigo.
Ambos empezaron la caminata hacia el lago juntos. Había un silencio incómodo. Valentina no decía ni una palabra. Sergio trataba de pensar en algo que decir. “¡Mierda, esto fue una mala idea!” pensó Sergio. “¡Seguro no quería venir y aceptó por compasión!”
Sergio sentía que la caminata se hacía eterna, hasta que finalmente llegaron al lago. Sergio guió a Valentina hacía una colina frente al lago en la que había un gran árbol que proporcionaba sombra. Se sentaron en el césped y contemplaron. Unos patos graznaban a lo lejos. Se podía ver a las palomas volar sobre sus cabezas.
-Es muy hermoso-dijo Valentina, observando el paisaje-Gracias por traerme aquí.
-¡Cuando quieras! No es nada, jeje-le respondió Sergio.
Se quedaron en silencio un rato.
-Sabes, Sergio…-empezó a decir Valentina. Sergio la observó. Vio como el viento soplaba en su cabello-Estos días que he pasado contigo, han sido los días donde me he sentido más…
Valentina trataba de encontrar la palabra.
-¿Más… qué?
-Libre.
Sergio la miró sin saber que decir.
-Había perdido toda esperanza hasta que te conocí. No tenía nada por lo que vivir, pero ahora… no sé, siento que algo en mi vida al fin tiene sentido.
Sergio estaba incrédulo. Sentía que sus mejillas iban a explotar. Valentina giró su cabeza y lo miró a los ojos.
-Te amo, Sergio.
Sergio sintió que su cerebro dejaba de funcionar. Iba a decir algo, pero sintió que algo viscoso le caía en la cabeza.
-¿Pero que cara…?-Sergio se llevó la mano al cabello y vió que era caca de paloma.
Sergio se puso de pie e intentó quitársela frenéticamente mientras Valentina reía a carcajadas.
-¿De que te ríes?-preguntó Sergio, enojado-¡Uuuuaaaaaah!
Sergio tropezó y rodó por la colina hacia el lago. Se dio un gran chapuzón, sintió cómo se sumergía en el agua. Las burbujas lo rodeaban. Debió haber salpicado mucho. Sergio asomó la cabeza a la superficie y respiró. Valentina se estaba muriendo de la risa. Sergio estaba rojo de la vergüenza. Entonces para su sorpresa, Valentina empezó a correr cuesta abajo por la colina. Con un fuerte salto, Valentina aterrizó de bomba al lado de Sergio, salpicándolo. Sergio la observó asomarse para respirar. Su cabello estaba todo mojado, igual que su ropa. Valentina le sonrió. Ese fue el momento en el que Sergio lo supo. Sergio supo en aquel instante, que quería pasar el resto de su vida junto a Valentina. Quería comer chicle junto a ella, ir por un sandwich junto a ella, ver el lago junto a ella, reír junto a ella. Sergio se acercó a Valentina y dijo con firmeza:
-Yo también te amo.
Valentina sonrió mientras se acercaba más a él. Valentina le puso una mano en la mejilla, acariciándola.
-Oye-le preguntó Sergio-¿Quieres ir a ver mi trabajo un día de estos?
Sergio no pudo oír la respuesta de Valentina, porque justo en ese momento sus labios se habían encontrado. Mientras el agua resbalaba por su rostro, Sergio observó el arcoíris que se había formado. “Sabe a chicle” pensó Sergio mientras rodeaba la cadera de Valentina con sus brazos. Sin haberlo esperado, su vida había sido llenada por Valentina. Sergio había sido llenado de luz. Ni la caca de paloma ni el agua podrían haber arruinado ese momento. Fue el beso más perfecto de todos los tiempos.
◇
Sergio se sentía muy nervioso antes de empezar el show. Normalmente le saldría con naturalidad, pero aquella vez era diferente. Valentina estaría en el público. Sergio se acomodó el elegante sombrero negro que llevaba sobre su cabeza. Al fallecer sus padres, Sergio había usado gran parte del dinero que le habían heredado en comprar una pequeña carpa. Sergio inhalaba y exhalaba detrás del telón. “Vamos, Sergio. Tú puedes.”
Sergio salía al escenario, entre aplausos y gritos de emoción de los niños. Vio a Valentina entre el público, sentada en una banca de madera.
-¡Damas y caballeros!-exclamó Sergio, entonando la voz-¿Quién de ustedes está listo para ver algo sorprendente?
Varios levantaron la mano, y los niños gritaban “¡Yo! ¡Yo!”
Sergio observó al público. Eligió a un niño pequeño, que llevaba una camiseta azul y que tenía un lunar en el mentón. Sergió lo señaló, mientras el niño se levantaba con emoción y subía al escenario. Los padres del niño le aplaudían.
-¿Cuál es tu nombre, pequeño?-le preguntó Sergio.
-¡B-Bernardo, señor!
-¿Estás listo para ver algo increíble, Bernardo?
-¡Si!-exclamó Bernardo-¡Lo estoy!
-¡Excelente! ¡Me gusta tu actitud! Necesito que extiendas tu mano, así.
Bernardo extendió su mano. Sergio se dirigió al público.
-¡Atención, todos!-exclamó Sergio-¡Voy a crear otro Bernardo solo tocando su mano!
Sergio puso dos dedos en la palma de la mano de Bernardo, y dos delgados hilos rojos aparecieron. “Hilo de esencia”. Con un movimiento rápido, Sergio juntó los hilos rojos que había recolectado y confeccionó, a la vista de todos, un peluche de Bernardo. El público soltó gritos de asombro.
-¡Pero eso no es todo!-gritó Sergio, con suspenso-¡Este peluche inanimado de Bernardo cobrará vida!
Varios en el público se taparon la boca con sus manos, tenían los ojos abiertos como platos. Valentina observaba maravillada. En un abrir y cerrar de ojos, Sergio transformó el peluche en una copia idéntica al pequeño Bernardo. El público se volvió loco. Bernardo estaba encantado.
-¡Este Bernardo habla como Bernardo!-dijo Sergio-¡Vamos Bernardo, pregúntale algo!
Bernardo obedeció.
-¿Cuál es tu nombre?-le preguntó Bernardo a la réplica.
-M-me llamo Bernardo.
Bernardo dió un salto de asombro. Aquella réplica sonaba igual que el Bernardo real. Sergio volvió a transformar la réplica en un peluche y se lo obsequió a Bernardo.
-Ten, para ti, mi amigo Bernardo-dijo Sergio amablemente mientras le tendía el muñeco.
Bernardo le agradeció y abrazó el peluche con fuerza. Sergio extendió ambos brazos e hizo una reverencia. El público se puso de pie, incluída Valentina. Llovían los aplausos.
◇
-¿Y puedes hacer uno de mí?-le preguntó Valentina al terminar el show, mientras descansaban en la colina frente al lago.
Sergio la miró confundido.
-¿Un qué?
-¡Un peluche! Como hiciste con aquel niño en el show.
-Bueno, sí, pero necesito un poco de tu esencia.
-Pues toma.
Valentina le tendió la mano.
Sergio la sujetó delicadamente. Un pequeño hilo rojizo apareció entre sus dedos. Después de unos instantes, empezó a confeccionar una pequeña figura de tela.
-Listo.
Valentina observó el peluche y soltó una carcajada.
-¡Pero qué fea soy!
-¡Oye! Me esforcé bastante.
-¡Mira esa cabeza! ¡Es demasiado grande!
Sergio fingió indignarse, pero terminó riéndose con ella.
Valentina abrazó el peluche contra su pecho.
-Me encanta.
-¿En serio?
-Sí. Ahora tendrás dos Valentinas-le dijo Valentina, con una gran sonrisa.
-¿Y para qué querría dos?
Ella le dio un beso en la mejilla.
-Para que nunca te quedes solo.
Sergio se ruborizó.
-¿Y podrías hacer que se mueva?-le preguntó Valentina.
-Si. Si extraigo suficiente esencia, podría crear una réplica casi perfecta de ti-le dijo Sergio.
Los ojos de Valentina brillaron de emoción.
-¡Entonces podrías tener dos novias!
-Con una ya tengo suficientes problemas-se burló Sergio.
Valentina le dio un golpe en el hombro.
-¡Oye!
Sergio rió.
-Es broma, es broma.
-¿Y esa réplica sería como yo? ¿Pensaría como yo?
-No exactamente. Podría hacer que hablara y se moviera como tú, pero sería yo quién la controlaría en realidad.
Valentina frunció el ceño.
-Qué triste.
-¿Por qué?
-Porque no sería yo de verdad.
Sergio se encogió de hombros.
-Supongo.
Valentina le tomó la mano.
-Prométeme algo.
-¿Qué cosa?-Sergio la miró extrañado.
-Si algún día me pasa algo, no hagas una copia de mí.
Sergio la miró, desconcertado.
-¿Por qué dices eso?
-Porque quiero que recuerdes a la Valentina de verdad. No a una muñeca que hace lo que tú quieres.
Sergio soltó una pequeña risa.
-No digas tonterías. No te va a pasar nada.
-Prométemelo.
Sergio suspiró.
-Está bien. Te lo prometo.
Valentina sonrió y apoyó la cabeza sobre su hombro.
-Gracias.
◇
Era un hermoso día soleado. El viento acariciaba suavemente el rostro de Sergio. Sonreía. Él y Valentina iban en dirección al lago desde la ciudad como de costumbre. “Hoy va a ser un buen día” pensó Sergio, alegre. En eso, Valentina se detiene un momento.
-Necesito sentarme un momento-dijo Valentina, mientras se sentaba en el suelo.
Sergio la miró, preocupado.
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo?-Sergio le puso una mano en el hombro-Luces mareada.
-No te preocupes-dijo Valentina, sonriendo-Estoy un poco cansada, es todo.
Sergio la miró, aún un poco preocupado.
-¿Segura que estás bien?
-Ya te dije que si-le respondió Valentina tomándole de la mano-Rápido, vamos a la colina a ver el lago.
Sergio sonrió, aliviado. “Seguro no es nada.”
◇
-La buena noticia es que hemos detectado la leucemia aguda en una etapa temprana-dijo el médico Francisco.
Sergio y Francisco hablaban en voz baja fuera de la habitación. Sergio solo podía concentrarse en Valentina, que estaba postrada en cama.
-Ella se quedará aquí para hacerle seguimiento-le dijo el médico Francisco-Ve a hablar con la enfermera acerca del plan de tratamiento.
A Sergio le costaba caminar. Sentía pesadísimos los hombros, como si estuviera cargando un yunque. Vio a una enferma con ojos verdes y uniforme rosa.
-Hola, mi nombre es Susana-dijo la enfermera, en recepción-¿En qué puedo ayudarle?
-El médico Francisco me dijo que hable con usted por la leucemia aguda.
Susana asintió.
-Ya veo, la paciente con el código #6969-dijo Susana mientras veía en su computadora.
“Por favor, que no sea mucho.” “Por favor, que no sea mucho.” “Por favor.” “Por favor.”
-Podemos ofrecerle un tratamiento básico gratuito hasta que pagues el tratamiento verdadero, es un poco caro así que…
-¿Cuánto?
Susana dudó unos instantes.
-10 mil.
A Sergio se le cayó el alma al suelo. Tenía ganas de echarse a llorar. Era imposible. No podría lograrlo.
-Lo pagaré. Denle el tratamiento básico. Reuniré el dinero.
-De acuerdo-dijo Susana.
◇
Sergio observaba las monedas que había conseguido el show de hoy, desolado. En total sumaban 50 Ferrios. Le faltaban 9950 Ferrios para pagar el tratamiento. Lo anotó en su libreta. El público se había ido hace ya varios minutos. Sergio estaba sentado en una banca de madera. “Mierda. ¿Cómo voy a conseguir tanto dinero?”
En eso, un hombre entró a la carpa.
-Lo siento, el show ya terminó-le dijo Sergio sin levantar la vista de su libreta.
-No vine aquí por el show.
Sergio alzó la mirada y observó al hombre. Era alto, con un cabello rubio resplandeciente. Tenía unos hermosos ojos azules con pupilas doradas que miraban fijamente a Sergio. El hombre aparentaba unos 40 años. Llevaba una gabardina larga de color negro.
-¿Qué es lo que quiere?
-He oído mucho sobre un chico, que vive en los rincones del Nuevo Mundo, en El Apagón. Dicen que tiene un magt único e impresionante.
-Ese soy yo-le respondió Sergio, bruscamente-Pero no estoy en un buen momento ahora.
El hombre lo miró en calma.
-Por favor, váyase-le dijo Sergio, mientras seguía anotando cosas en su libreta.
El hombre no se movió.
-¡DIJE QUE SE LARGUE!-gritó Sergio, girándose para ver al hombre, pero había desaparecido.
-¿Tienes problemas con el dinero?-preguntó el hombre, mirando la libreta de Sergio, que ahora estaba sentado justo al lado de Sergio en la banca.
Sergio lo miró, incrédulo. “¿Qué acaba de pasar? ¿Cómo se movió tan rápido?”
-Mira, no te quiero quitar más tiempo-dijo el hombre poniéndose de pie-Solo quería que sepas que vine a ofrecerte un trabajo.
Sergio alzó su mirada, pero el hombre ya no estaba enfrente suyo.
-Pensé que podría interesarte, dada tu situación actual…
Sergio no lo entendía. No le había quitado la vista de encima. Tan solo había parpadeado una vez.
-¿De qué se trata este trabajo?
-Hay algunas personas que tienen cuentas pendientes conmigo-le dijo el hombre, sereno-Alguien con tus habilidades me sería muy útil para solucionar un par de encargos.
Sergio descartó la idea.
-Quiere que sea su matón. Lo siento, pero no estoy interesado. Prefiero el trabajo honesto.
El hombre asintió.
-Me lo imaginaba. Te informo que la paga es muy buena. Si cambias de opinión, espérame aquí de nuevo después de tu próximo show.
-¿Cuánto?
Pero nadie respondió. El hombre ya había desaparecido. Sergio observó su libreta. Observó todo el dinero que le faltaba conseguir. “No, olvídalo” pensó Sergio, sacudiendo sus pensamientos “No haré esa clase de trabajos.”
◇
Al pasar los días, Valentina comenzó a perder el cabello debido al tratamiento básico provisional.
-Estoy horrible —murmuró Valentina.
Sergio levantó la mirada. Estaba sentado en una silla frente a la cama de Valentina, en el hospital.
-¿Qué?
-Mi cabello. Ya casi no me queda nada.
Sergio la observó durante unos instantes. Después, se quitó uno de sus guantes blancos y le acarició la cabeza.
-A mí me gustas así.
-Mentiroso.
-Bueno, siempre he tenido gustos horribles.
Valentina soltó una pequeña risa.
-Idiota.
Sergio sonrió. Hacía varios días que no la escuchaba reír.
-Cuando salgamos de aquí, te compraré todos los tintes de cabello que quieras.
-¿Todos?-preguntó Valentina, mirándolo a los ojos.
-Todos.
-¿Y si quiero teñirme de verde?
-Te verías horrible.
Valentina empezó a reír otra vez.
Sergio también.
Durante unos segundos, los dos olvidaron dónde estaban.
◇
Sergio esperó al finalizar el show como le había indicado el hombre el otro día. Cuando todos los espectadores se fueron, entró el hombre a la carpa.
-Si estás aquí asumo que has considerado mi oferta.
-He decidido aceptarla.
El hombre sonrió.
-Espléndido.
◇
-Para tu primer trabajo, necesito que recuperes un objeto que me robaron. No es nada del otro mundo, es una pequeña caja plateada. No tienes que herir a nadie. Solo recupera la caja y tráemela.
-¿Cuánto?
El hombre lo miró, desconcertado.
-¿Disculpa?
-¿Cuánto me pagará?
-Por este primer trabajo te pagaré mil Ferrios.
-Hecho.
◇
Hacía horas que el sol se había ocultado. Sergio seguía de cerca al objetivo. Un hombre gordo y pelado, con traje color celeste y corbata naranja. ese sujeto encajaba perfecto con las descripciones que le había dado su nuevo jefe. El sujeto dobló en un callejón. Sergio se escondió detrás de la pared, viendo los movimientos del sujeto. Sergio llevaba una bolsa de papel marrón en la cabeza para evitar que se le viera la cara. El sujeto se detuvo. Llamó a la puerta de alguien. Sergio alcanzó a ver que un hombre abría la puerta. El hombre tenía un fajo de billetes en la mano. El sujeto sacó una caja plateada de su bolsillo. “¡Es ahora o nunca!”
Sergio corrió hacia los hombres. El que tenía el dinero se dió cuenta y alertó al sujeto. El sujeto comenzó a correr. Sergio lo siguió de prisa mientras el hombre con el fajo de billetes se metía a su casa nuevamente. Doblaron una, dos, tres veces, hasta que el sujeto llegó a un callejón sin salida.
-Dame la caja-exigió Sergio.
-No sabes en lo que te metes, niño-le dijo el sujeto-Esto son cosas que no entiendes.
-Me da igual. “Aguja de esencia”.
Sergio materializó una aguja roja que brillaba en la oscuridad. El sujeto retrocedió dos pasos, y se chocó contra la pared.
-Esto no te dolerá-le dijo Sergio, abalanzándose hacia él y atravesándolo en el pecho con la aguja.
El sujeto se tiró al suelo y dejó caer la caja plateada, que se estrelló contra la pared.
-¡Qué cómodo me siento!-dijo el hombre, somnoliento-Tengo muchas ganas de descansar…
El sujeto se quedó profundamente dormido. Sergio se agachó a recoger la caja, y vió que se había abierto por el impacto. “¿Qué es esto?” Sergio recogió el contenido y lo guardó nuevamente en la caja. “Trabajo completado.” Sergio sacó su libreta y actualizó las cuentas. Le faltaban 8900 Ferrios para pagar el tratamiento de Valentina. “Lo voy a lograr Vale, te lo prometo.” Sergio emprendió el camino de regreso a su casa. Con la escasa luz, Sergio no tardó en desaparecer entre la niebla. Sergio no se daría cuenta del hombre que volvía a abrir la puerta de su casa muy despacio, ni se daría cuenta de que el hombre examinaría muy bien ambas direcciones antes de salir a la calle. Tampoco se daría cuenta de que el hombre llegaría hasta donde se encontraba el sujeto, plácidamente dormido. Y por supuesto, no se daría cuenta de que el hombre encontraría una de las píldoras de color morado que había pasado por alto, la metería con cuidado en su bolsillo, y se regresaría a su casa.
◇
-¿Cuál es el siguiente trabajo?-preguntó Sergio, al día siguiente.
-Vaya, veo que estás ansioso por continuar-le dijo el hombre, complacido-Tu siguiente trabajo será intimidar a alguien para que cumpla con sus pagos con él ya sabe quién.
El hombre debió notar la expresión en la cara de Sergio.
-¿Qué pasa? ¿No quieres hacerlo?
Sergio dudó.
-¿Cómo quiere que lo intimide?
El hombre sonrió.
-Confío en que encontrarás la manera.
-¿Cuánto?
-900 Ferrios.
-Hecho.
Sergio se disponía a salir de la carpa, pero la voz del hombre lo interrumpió.
-El dinero es lo único que importa en este mundo, Sergio. No lo olvides.
◇
-Más te vale cumplir tus pagos con tú ya sabes quién.
El objetivo era un hombre joven, de no más de 25 años. Sergio lo había arrinconado contra la pared. El hombre estaba asustado, temblaba de pies a cabeza. Sergio tenía su aguja en la mano.
-Considera esto como una advertencia-le dijo.
Sergio dio un corte rápido en el rostro del hombre, cortándole la mejilla. El hombre dio un gritito por el susto, y se arrodilló con las manos levantadas, para que no le haga más daño.
-¡Pagaré, lo juro! ¡Juro que pagaré!
Sergio observó como la sangre desfilaba por la mejilla del hombre. Sergio estuvo satisfecho con la respuesta. Eso debía ser suficiente para intimidarlo. Sergio salió de la casa del hombre y cerró la puerta. Se alejó lo más posible y se sentó en una banca.
Sergio actualizó su libreta. “Solo 7950 Ferrios más.” El corazón de Sergio estaba muy acelerado. “Esto es por ti Valentina. Por favor, resiste.”
◇
-Quiero que secuestres a alguien y lo traigas ante mi.
-¿Cuánto?
-2 mil Ferrios.
-Hecho.
◇
Sergio no quería pensar en lo que había hecho. Sergio había noqueado al objetivo primero dándole un golpecito en el cuello. Le bastó con usar “Nudo” para inmovilizar al objetivo, una mujer de 30 años. Sergio miraba al suelo mientras le entregaba la mujer al hombre.
-Buen trabajo, como siempre.
“¿Pero qué estoy haciendo?” pensó Sergio, repudiándose a sí mismo.
-Ahora solo te quedan 5900 Ferrios. Felicidades-le dijo el hombre.
“Es verdad. Ya casi voy por la mitad.” Sergio detuvo en seco todos sus pensamientos horribles “Todo esto es por Valentina. Lo voy a lograr. Estoy tan cerca…”
◇
-Quiero que asesines a una persona.
Sergio se quedó en blanco.
-¿Qué?
-Es el hijo de unas personas que me deben mucho dinero. Les di muchos plazos y fechas límite. No han cumplido con sus pagos. Deben entender que esto va enserio.
-¡No!-Sergio retrocedió, negando con la cabeza-¡No voy a hacer eso! ¡No lo haré!
El hombre lo miró fijamente, sin decir una palabra.
-Bien-le dijo el hombre, sonriendo con calma-Es tu decisión. No puedo obligarte a hacer algo que no quieras hacer.
-Gracias-respondió Sergio, aliviado, mientras se dirigía a la salida de la carpa.
-Te iba a pagar 3 mil Ferrios por el trabajo, solo para tu información.
Sergio se detuvo.
-¿3 mil Ferrios?
-Así es. Tengo entendido que todo esto lo haces por alguien que te importa mucho, ¿no?
Sergio no respondió.
-¿Cómo se llama?
-Valentina…-dijo Sergio, con dolor.
-Pero si no quieres hacerlo, está bien. Cuídate, ojalá salves a tu chica.
-¡Espera!-gritó Sergio, sudando. Le ardía la frente. Tenía náuseas.
-¿Si?
-Lo haré.
El hombre asintió.
-Bien. Tengo información de que el niño estará solo en su casa esta tarde. Ahora ve, el dinero te espera.
◇
Sergio se asomó a la ventana de la casita. En efecto, el niño estaba solo. Aquella casa tenía un solo piso. El niño estaba de espaldas, mirando la televisión. Sergio respiró profundamente. Apretó los puños. Pensó en Valentina. En su primer beso. En la vez que se conocieron. “Perdón.”
Todo pasó muy rápido. Sergio rompió la ventana, y antes de que el niño pudiera darse la vuelta, Sergio lo atravesó con su aguja justo en el corazón. Sergio temblaba mientras el cadáver del niño caía al suelo. Sergio respiraba, agitado. No podía pensar en nada. Sergio vio como la sangre inundaba todo el piso de la casa. Vio como manchaba una alfombra, unos libros, y un… “No.” “Oh, no. Por favor no.” Sergio dió vuelta al cadáver del niño, mientras sus diminutas esperanzas de que no fuera él se hacían añicos. Allí, sin vida, frente al televisor, al lado de un peluche con ojos de botones, estaba el cuerpo de un niño con un lunar en el mentón. “Bernardo.”
Sergio comenzó a llorar desconsoladamente. Sintió que le faltaba el aire. “¿Pero qué he hecho? Oh, que hice…” Sergio vomitó. Siguió vomitando hasta que no pudo vomitar nada más. “Oh, no, no, no…” pensó, mientras lloraba “¿Pero qué hice? Oh, no…”
◇
-Solo me quedan 2850 Ferrios para pagar tu tratamiento-le dijo Sergio-Lo voy a conseguir. Saldrás de este hospital, Valentina. Y volveremos a ir a la colina a ver el lago. Tú y yo.
-¿De dónde sacaste tanto dinero?-preguntó Valentina.
Sergio se quedó inmóvil.
-Conseguí un trabajo.
-¿Qué clase de trabajo?
-Uno que paga bien.
Valentina observó los guantes blancos de Sergio. Había una pequeña mancha rojiza cerca de la muñeca.
-¿Es peligroso?
Sergio escondió la mano detrás de su espalda.
-No.
Valentina guardó silencio.
-Prométeme que no harás ninguna estupidez por mí.
Sergio sintió un nudo en la garganta.
-Te lo prometo.
Sergio no pudo mirarla a los ojos.
◇
Sergio comenzó a actuar con frialdad. Ya no se preguntaba quiénes eran sus víctimas. Solo cuánto iba a pagarle el hombre. Sergio siguió cometiendo atrocidades. Una tras otra.
◇
-Te tengo buenas noticias, Sergio-le dijo el médico Francisco.
Sergio levantó la mirada, no pudiendo creer lo que acababa de oír.
-Valentina está estable con el tratamiento provisional que le estamos brindando. El cáncer sigue ahí, pero no hay riesgo. Una vez que pagues el tratamiento completo deberíamos poder combatir y vencer al cáncer.
Sergio respiró. Toda la respiración que había estado conteniendo por semanas. No pudo contenerse, y le dio un abrazo al doctor mientras lloraba de felicidad.
-¡Muchísimas gracias, doctor! ¡Muchísimas gracias!
◇
Y sin darse cuenta, Sergio terminó su último trabajo. Eran las 12 del mediodía.
-Muchas felicidades-le dijo el hombre mientras le entregaba la última paga a Sergio-Fue un gusto trabajar contigo.
Sergio recibió el dinero como si se tratara de su propia vida. Lo guardó en el maletín que llevaba consigo, donde estaba el resto del dinero. 10 mil Ferrios en total. No podía creerlo. Lo había conseguido. Salió corriendo de la carpa. Nunca en su vida había corrido con tantas ganas. Se tropezó y cayó al suelo. Se había raspado la pierna, pero le daba igual. Sergio dio gritos de felicidad. Saltó de un lado a otro. Se rió. “¿Esto no es un sueño, verdad?”
◇
Sergio irrumpió en el hospital con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Lo conseguí!
Susana levantó la mirada.
-¿Disculpe?
-¡El dinero! ¡Tengo todo el dinero!-Sergio levantó el maletín que llevaba en la mano-¡Ya podemos empezar el tratamiento!
Susana palideció.
Sergio no lo notó.
-¿Dónde está el doctor Francisco? ¡Quiero hablar con él!
-Señor Sergio...
-¡No sabe cuánto me ha costado conseguirlo!-soltó una carcajada-¡Pero lo conseguí! ¡Se lo dije! ¡Le dije que lo conseguiría!
Susana bajó la mirada.
-Señor, por favor, acompáñeme.
Sergio dejó de sonreír.
-¿Qué ocurre?
La mujer no respondió.
-¿Está bien Valentina?
-El doctor hablará con usted.
Sergio sintió un escalofrío.
-Pero está bien, ¿verdad?
Susana guardó silencio.
-¿Verdad?
◇
-Lo sentimos mucho, Sergio.
El doctor Francisco estaba sentado frente a él.
-Valentina falleció esta mañana.
Sergio lo observó. Después soltó una pequeña risa.
-No.
Francisco no dijo nada.
-No, no. Se está confundiendo.
-Sergio...
-Usted me dijo que estaba estable.
-Su condición cambió inesperadamente y...
-No.
Sergio se puso de pie.
-Usted me dijo que estaba estable-repitió.
-Hicimos todo lo que pudimos.
-¡USTED ME DIJO QUE ESTABA ESTABLE!
El maletín se le resbaló de las manos. Cayó al suelo. Se abrió. Billetes y monedas se esparcieron por toda la habitación. Sergio ni siquiera los miró.
-Quiero verla-murmuró.
◇
Valentina estaba acostada en una cama blanca. Parecía dormir. Sergio se acercó lentamente.
-Vale...
No hubo respuesta.
-Valentina, despierta.
Le acarició la mejilla.
Estaba fría.
-Mira, lo conseguí.
Sergio trató de sonreír.
-Tengo el dinero. Todo. Ya podemos empezar el tratamiento.
Se sentó junto a ella.
-No tienes que preocuparte más.
Esperó.
Un segundo.
Dos.
Tres.
-Vale...
Le tomó la mano.
-Por favor.
Sergio bajó la cabeza hasta apoyarla sobre la de ella.
-No me hagas esto.
Sus hombros comenzaron a temblar.
-Hice todo lo que me pidieron...
Apretó su mano con fuerza.
-Todo...
Una lágrima cayó sobre las sábanas.
-Hasta maté por ti...
Su voz se quebró.
-Por favor, Valentina...
Y entonces Sergio, el hombre que había soportado golpes, amenazas y asesinatos sin detenerse, comenzó a llorar como un niño.
◇
#0001
Varias horas antes.
El hospital estaba prácticamente vacío.
Una enfermera recorría los pasillos cuando vio a un hombre de traje oscuro frente a la habitación de Valentina. Tenía un cabello rubio que se distinguía incluso en la oscuridad.
-Disculpe, señor. Aún no es hora de visitas.
El hombre se volvió hacia ella. Tenía unos ojos azules penetrantes.
-No tardaré mucho.
-Lo siento, pero no puedo permitirle...
El hombre se abrió un poco la gabardina negra, mostrándole algo a la enfermera.
La enfermera lo observó.
Palideció.
-P-perdone, señor.
-No se preocupe.
Una mujer dormía profundamente. El sonido de la puerta al abrirse rompió el silencio de la habitación. Un hombre entró. Vestía un elegante traje oscuro y llevaba unos guantes negros. Se acercó lentamente a la cama y observó a la muchacha.
-Así que tú eres Valentina-murmuró.
No obtuvo respuesta. El hombre examinó los instrumentos médicos junto a la cama. Después volvió a mirar a la joven.
-Tu novio es un muchacho extraordinario. Tiene una habilidad que no había visto nunca.
Valentina continuó durmiendo.
-Es una verdadera lástima que esté desperdiciando semejante talento.
El hombre suspiró.
-No te preocupes. Me aseguraré de que no le falte trabajo.
Se inclinó sobre ella.
◇
Cuando abandonó el hospital, el sol comenzaba a asomarse en el horizonte.
Un pequeño comunicador vibró en su bolsillo.
-¿Señor?-preguntó una voz al otro lado-¿Cómo ha ido todo?
-Perfectamente.
-¿Y el muchacho?
El hombre observó por última vez el edificio.
-Todavía no lo sabe.
Guardó el comunicador y acomodó su abrigo. Durante un instante, un pequeño emblema dorado con forma de sol quedó al descubierto. Después desapareció bajo la tela. El hombre se alejó tranquilamente, mientras los primeros rayos de luz iluminaban la entrada del hospital.